sábado, 8 de noviembre de 2008

Esperando...

Son las siete y veinte. Pasan veinte minutos de la hora. No se va a presentar. No la entiendo, cuando estamos juntos es fría y distante, pero en el mismo momento en el que nos despedimos, me fríe a mensajes y a llamadas. Da la impresión de que no puede vivir sin mi, salvo cuando está conmigo, que parece que le canse hacerlo.
Llevamos más de un mes con esto, y la cosa no tiene visos de mejorar. Si quedamos para ir al cine, aparece con una amiga, siempre la misma, esa insufrible pija que habla como si llevase un calcetín en la boca. No se atreve a mirarme a los ojos, ni se acerca a mi. Pero en cuanto llego a casa, tengo un mensaje suyo en el tuenti o en el facebook.
Yo no hago nada por mejorar la situación, porque soy un cobarde, eso lo sabe todo el mundo. He tenido decenas de oportunidades para besarla, pero, o me he dado cuenta tarde, o no me he atrevido. Ella va de feminista, de que no necesita a los hombres para nada. Si es así, ¿por qué no me besa? Sabe que me aterra el fracaso, que mi cobardía llega hasta límites insospechados, pero sigue haciéndome esperar. Más de veinte minutos.